Revised 3 Dec 03
Pasión por Viajar
Cuando tenía 8 años, recuerdo que
permanecía despierta toda la noche, muy emocionada, imaginando la vacación de
la familia. Ibamos a salir de
Maryland y conducir a través de los Estados Unidos hasta California ida y
vuelta durante 5 semanas. Mis más
grandes ilusiones de aventura me quitaron al sueño esa noche.
Durante los primeros años de la
secundaria, mi padre, un ministro Presbyteriano soñaba intercambiar con otras
iglesias en otros países, y llevar a nuestra familia a lugares lejanos.
Una vez era Escocia, otra era Khartoum, y la tercera Turquía.
Cada vez corría a su lado, llena de curiosidad acerca de los detalles de
los lugares exóticos que muy pronto podían volverse nuestra casa.
Pero nosotros nunca fuimos.
Mas tarde en la secundaria, rogaba a mis
padres que me dejaran participar de un programa de intercambio, para viajar y
vivir en otro país. Recién habíamos
dicho adiós a una extraordinaria muchacha de Australia quien había sido una
estudiante de intercambio en nuestra casa por un año. Apenas ví un poco de Australia a través de las historias
que me contaba, y envidiaba su aventura. Mis
padres me explicaron porque no era bueno ser parte de un programa de intercambio,
sugiriendo que esperara hasta que sea mayor y más madura.
Cuando estaba en el tercer año de la
universidad, mi aventura finalmente empezó.
Debido que aprendí español en el colegio, mis elecciones para los
programas de estudio en el extranjero fueron Madrid, España y Bogotá,
Colombia. Era una elección fácil.
Madrid era civilizada, cosmopolita y con mucha cultura.
Bogotá era un país del tercer mundo, salvaje y desconocido.
Treinta años más tarde aún creo que
las meses que viví en Bogotá fueron las más lindas de mi vida.
Empezando con la tarde soleada cuando por la primera vez yo tocaba su
esencia extraña, estaba envuelta por una pasión por el nuevo mundo que me
rodeaba, absorbida por el sonido fuerte y vivo del español, inhalando el olor
de las calles, probando nuevos sabores, tratando de entender los pensamientos y
hábitos de una nueva familia y amigos de otra cultura.
Mi mundo se expandió tres veces de tamaño ese año, y sabía que nunca
más yo sería la misma. Nueve meses más tarde, cuando abordé el avión de regreso a
casa, mis lágrimas no eran de felicidad, pero si de desesperación e impotencia
por no saber cuando regresaría de nuevo a Colombia.
De ahí en adelante, estaba atrapada.
(Tal vez, lo estuve toda mi vida, pero fue entonces que lo supe con
seguridad.)
Mi esposo y yo antes de casarnos hicimos
un pacto el cual era que después de que él terminara sus estudios en ingeniería,
trabajaría en los Estados Unidos por tres años. Los siguientes años él ya como ingeniero encontraría un
puesto en una compañía que le asignaría una serie de trabajos en el exterior.
Queríamos vivir 2 o 3 años en cada país – tiempo suficiente para
aprender bien el idioma y la cultura, luego hacerse asignar un nuevo trabajo e
ir al próximo país. Por razones
tristes pero privadas, eso no ocurrió.
Sin embargo, he tenido una vida
maravillosa desde que salí de Bogotá – una buena educación, un feliz
matrimonio, dos maravillosas hijas, y muchos amigos fieles y cariñosos, y
varias carreras exigentes pero bien recompensadas, con algunos viajes al
exterior en el entremedio.
Pero no sabía que mi fascinación por
viajar nunca se iría. La euforia
de llegar a un nuevo lugar es tan fuerte ahora como cuando tenía 19 años,
empezando por mi primera experiencia en Colombia.
El mejor día de todos es cuando llegas, lleno de deseos de aventura que
esperan por ti. El peor de todos es
el último día, cuando dejas atrás los momentos mágicos que podrían haber
ocurrido. Ningún viaje ha sido lo
suficientemente largo. No sabía
que el deseo de viajar sería tan importante, aún en los momentos de felicidad,
este anhelo de viajar me encontraría y me pediría que me vaya, lo que
desbarataría mis planes que fueron cuidadosamente hechos, y me haría
abandonarlos; como una hermosa melodía que te persigue donde quiera que vayas,
que te lleva a un lugar lejano. No
sabía que no importaría cuanto calor de hogar había construido, esto todavía
no llenaba mi corazón.
Mi vida está llena de decisiones
responsables que tomé. Fueron
buenas decisiones. Me han dado
mucho placer, y me han llevado a tener aventuras de otro tipo.
Dicho y hecho esto, es tiempo para empezar de nuevo.
Esta vez tomaré decisiones con el corazón, el cual me llevará a
Escocia, Khartoum, Turquía, Australia y los países vecinos y otros.
Esta vez, no retornaré hasta que la aventura se acabe.
Y si la aventura no acaba, habrá una sonrisa tranquila de satisfacción,
y la absoluta seguridad de que finalmente, estoy donde pertenezco.